sábado, 21 de septiembre de 2019

Los viajes ridículos

 -Vale, pues aquí lo tienes. Billete Madrid-Chamonix, pasando por Saint Gervais.

 Así de sencillo: ir a ventanilla, pagar algo más de 4000 pesetas -con tarjeta joven de los ferrocarriles europeos- y ya la distancia que separaba los suburbios de Madrid del espacio mítico se había desvanecido y se había establecido una vía de comunicación. De los libros de fotos y las narraciones de gente que había sido capaz de llegar hasta esa montaña, Mont Blanc, hasta ese billete que me permitía subir a un tren a las nueve de la mañana en Chamartín, que, dos transbordos mediante, me depositaría allí en unas horas. Tras cuatro meses trabajando en la construcción, a mis 18 años había juntado dinero suficiente para que me sobrara y dedicarlo a algo propio y superfluo. 

 Todos cambiamos según vamos aprendiendo a hacer cosas, y ese cambio consiste sobre todo en aprender qué no hacer. Estoy seguro de que hoy no me embarcaría en un viaje hacia un lugar en el que no he estado nunca y del que no tengo referencias, a hacer una actividad cuya técnica básica desconozco y que sé que puede costarme la vida si cometo un fallo - sin saber tampoco qué es en lo que se puede fallar-. Mucho menos completamente solo. Pero en ese momento pareció algo evidente: si el viaje era lo suficientemente largo, me daría tiempo a aprender todo lo necesario para desenvolverme allí, incluida la técnica para andar por terreno de alta montaña y glaciar, y algo de francés. Quizá la experiencia necesaria para afrontar futuros viajes

Tenía razón, claro, aunque de una manera que entonces también desconocía que se pudiera tener: iba a volver habiendo aprendido las habilidades necesarias para sobrevivir, pero nada que me fuera a ser útil si mi objetivo no era subir altas montañas heladas. Salvo una cosa, evidente cuando viajes de este estilo se convirtieron en salidas de fin de semana con vuelta a la rutina el lunes: el cambio personal y lo interesante ocurren en el trayecto. Con la velocidad y la facilidad para el transporte ganas comodidad y gestas deportivas, pero pierdes lo demás. Puede que te sientas más libre y que elijas lo que deseas hacer, pero renunciar al azar y al viaje lento e incómodo, eliminar el esfuerzo y el trayecto dejar de desear entender y comenzar a envejecer.

Chamonix no era lo que esperaba: más bien una ciudad turística al estilo de Benidorm entre montañas llenas de nieve que un pueblo de estampa alpina, ni intentar subir por la primera ruta que me ofrecieron, con algún tramo de escalada en hielo, era tan fácil como había imaginado. En la arista de bajada del teleférico hacia el valle glaciar camino de la Ruta de los Cuatromiles se me quedó grabado para siempre como andar por hielo- sólo por unos pocos centímetros ese conocimiento tuvo la oportunidad de ser puesto en práctica en días posteriores y no ser lo último que aprendía-. Nadie puede asegurar que vas a salir vivo.. ¿Nadie había hablado nunca del frío, del miedo al escalar sobre nieve e hielo inestable, sobre el drama de romperte un hueso al caer en una grieta? El lenguaje, las narraciones, libros, fotografías y artículos dan informaciones esquemáticas, pero no enseñan nada: la realidad  te golpea cuando vas armado sólo con teoría.

Salí de esa ruta como entré, al día siguiente y con un enemigo, el tipo que me había convencido para meterme en ese fregado.Subir, sin embargo, por el camino normal no resultó difícil. Cansancio, paso tras paso, travesía de camino helado y subida desde el valle. Cumbre, con un grupo que conocí en el refugio, a las siete de la mañana. Eso estaba siendo lo más interesante: al viajar solo y recorrer el valle arriba y abajo, no dejaba de encontrar gente de todo tipo. Casi todo el mundo amable, con lo que todo se hacía más fácil, más agradable y me permitía ahorrar. Hay una ley: casi todo el mundo está dispuesto a portarse bien con un adolescente de aspecto sano,sonriente y perdido. Más importante aún: las excepciones a esa regla suponen que te puedes llevar una paliza o pasar unas horas detenido con inmigrantes africanos, como me iba a ocurrir al año siguiente al entrar en Suiza, en tren de nuevo. (Es interesante estar ahí, con ese grupo lleno de miseria y miedo, hasta que un funcionario escandalizado entra a liberarte pidiendo perdón y enmendando al que ha encerrado a un español. Sirve como cura de una vez y para siempre contra el racismo y los discursos nacionalistas).

Estaba agotado, así que después de pasar por Italia por el gusto de cruzar la frontera, pasé unos días en un albergue de Ginebra. Quizá los días más aburridos de mi vida tras el choque de pasear por primera vez por una ciudad europea fuera de España: el turismo ciudadano, pasar días solo en una ciudad resultó soso. Bajé en auto-stop hasta el cañón del Verdon, donde empezaba a estar algo abrumado. Volví a Madrid. Habían pasado doce día; podían haber sido cinco meses, o un año. El tiempo resulta de una flexibilidad increíble. Allí estaba de vuelto, ridículamente frustrado, por haberme creído preparado para hacer lo que quisiera y haber chocado con dificultades físicas y técnicas que no sospechaba, pero al tiempo sorprendido y con sentimiento de vergüenza por haber mitificado algo que había resultado tan fácil, pero que de no haber puesto a prueba seguiría siendo una ensoñación y seguiría envidiando a quienes se podían permitir hacerlo sin grandes problemas. Lo bueno es que yo había ido lento, sin gran preparación ni apoyos y con la capacidad de sorpresa intacta, y esos son los elementos que componen los viajes que importan, lo demás es tan solo el aspecto menos aburrido de la rutina.




 

jueves, 26 de febrero de 2015

El mundo del monte, el new age y la tontería insoportable/I

¿Qué es ser "del monte"?
 La gente que se autodefine como del monte tiene en común que le gustan los deportes de montaña, practicarlos o verlos en vivo. De una u otra manera, pasan al aire libre o en zonas en las que se practican estos deportes gran parte del tiempo libre del que disponen. No, la gente que trabaja en el monte, pero huye de él en cuanto puede no nos parece de este maravilloso grupo. Y sí, la gente que practica búlder en bloques o escalada en paredes cerca de planicies e incluso en la playa sí, aunque no haya ningún monte a la vista. Es difícil: la mejor definición es que deportes del monte son todos los que caben en una revista del monte, incluso la escalada en sala-
 ¿Algo más en común? Como en todos lo deportes y en todos los grupos de actividad, los practicantes de este compendio de actividades del monte pecamos de ombliguismo. Pensamos que hacemos los deportes más duros y llevamos las vidas más interesantes y sobre todo somos los más enrollados; respetamos la naturaleza, somos inmensamente solidarios, nos preocupamos por lo importante. Un escalador, alpinista o montañero es un tipo que merece la pena, así nos gusta vernos. Y esta complacencia de últimos herederos de la vieja nueva izquierda también tiene problemas y alguno muy grave. Como la importancia de las chorradas curativas "alternativas" u otras paridas y estafas que encuentran el campo abonado en un mundillo que da un valor grande a la "espiritualidad", para explicar por qué gusta lo que gusta.

Las gilipolleces y el new age: cómo vivir de la escalada

 Un día, un arquitecto aparece en el rocódromo con las orejas llenas de agujas: es para dejar de fumar. A pesar de su formación y ser un tipo generalmente sensato, ha pagado un pastón a un tipo asiático con in título de acupuntor para que le taladre todo el pabellón auditivo. No es raro: la lesión más frecuente entre escaladores, las tendinitis e inflamaciones en dedos, se "curan" desde hace tiempo con agujas. Aunque por suerte en los escaladores de competición esto va desapareciendo, al tiempo que entrenan de verdad en lugar de meditar o hacerse "guerreros de la roca".
 Chorradas completamente absurdas, como el reiki, son halal: ya se sabe que no son imperialistas ni pertenecen a la malvada medicina oficial. Es más, el pérfido establishment más bien lo persigue, y generalmente quien ataca estafas como la curación natural, el entrenamiento mental a través de
meditaciones o la homeopatía, va a ser que está pagado por las multinacionales. O tiene el cerebro comido, o es fascista de toda fachitud, más allá de cualquier redención (a lo mejor, hasta si le recuerdas lo malos que son los cultivos transgénicos, va y te pide que le expliques por qué, con lo autoevidente en sí mismo que es la absoluta maldad de algo tan poco natural). El yoga, una saludable actividad que aumenta la flexibilidad, la fuerza y el control del cuerpo, no debe sus beneficios a ésto. No: es que hace que el prana fluya.
 En el fondo se diferencian de poco a nada de los fanáticos religiosos. Son fundamentalistas de la soplagaitez, y atestan el mundo del monte.

 Dónde los idiotas del mundo de la escalada llegan a tocarme el alma

 Ahora, dirigiéndome directamente a cualquiera de estos propagandistas de la superstición:
 por mí puedes seguir hartándote a brócoli pensando que la ribosa es la proteína más cojonuda del mundo para crear masa muscular, o hincharte a limones en ayunas para no tener nunca cáncer (si aún así lo tienes, siempre puedes decir que es que eran transgénicos o de invernadero). Puedes rechazar tomar leche y hasta buscar estudios que te digan que es un veneno, hasta puedes pensar que yo me enveneno tomándola siempre que no quieras llevarme a tu terreno. Puedes incluso dejarte morir con remedios como el zumo de guayanabana, diez millones de veces más efectivo que la quimioterapia. Pero llegado el caso de que nos encontremos por el monte y sientas ganas de meterte con mi estilo de alimentación, guardátelo. Porque si te oigo decir que los alimentos naturales son mejores o que la leche, el gluten o la carne me están envenenando, puede que suponga que los protocolos seguidos en hospitales de verdad por médicos de verdad tampoco te parecen bien, o te parecen muy mal. Y eso sí que no, porque quimioterapia y medicina basada en evidencia mediante tengo familia y eso lo valoro bastante, tanto como que es una de las líneas que no discuto, ni siquiera con la imbecilidad que te posee. Por más que ambos seamos gente guay y enrollada del monte.

jueves, 2 de enero de 2014

Los talibán y la crisis, o el fin de los alpinistas barbudos y nacionalistas

Acabó el annus horribilis de 2013. Los españoles siempre lo recordaremos como una época en que la pobreza comnzó a enseñar de nuevo su cara, tras un par de décadas de no verla sin echarla de menos. La clase dirigente demostró que todo lo que sospechábamos de ellos se quedaba corto: la desvergüenza con la que delinque la gente respetable escapa a la imaginación de las conversaciones de oficina y los bares, a veces por realizar delitos por mecanismos fuera de nuestro alcance y la mayoría por delitos propios de rateros. En 2013 las mentiras se hicieron un género propio de la vida pública y, ante la falta de credibilidad se comenzó a optar por la censura y la represión. Pero aunque la realidad vaya por otro camino, quienes tienen autoridad y respetabilidad no se cortan de hacer demagogia y contarnos lo que debemos hacer y los principios irrenunciables que debemos respetar.

Un poco de revolución refrescante en 2013

Sasha di Giulian es una jovencita estadounidense, de apariencia frágil y bonita sonrisa. A principios de año
se subía al carro del 9a con "Era Vella". Por supuesto, los grandes amantes de la montaña y guardianes del espíritu de la montaña siempre pueden argumentar que eso no tiene nada que ver con el alpinismo; la escalada deportiva es una disciplina con sus reglas y prima hermana de la gimnasia deportiva.
 Dado que cada vez que un escalador joven, o no tan joven pero excepcionalmente fuerte, logra liberar alguna de esas vías míticas del alpinismo los comentarios despectivos acuden a la boca y a los dedos de estos guardianes de las esencias y monitores de federaciones, se hace necesario saber qué es lo que les molesta tanto y qué es lo que valoran:
 Valoran:

  • La bravura: la escalada es una cosa de hombres y de algunas mujeres especialmente templadas. Según ellos, un jovencito no puede ser un héroe enfrentado a las fuerzas de la naturaleza.
  • El enfrentamiento a los poderes míticos de la naturaleza, en el más puro estilo del romanticismo alemán que impregnó este páis sobre todo en, glups, la década de 1930.
  • La camaradería, al más puro estilo militar. Cuidado, hablamos de una camaradería que no es amistad simple: es algo que sólo se aprende en el militarismo.
  • La autoridad y los galones.
  • La tradición.
Les molesta:

  • Que las mujeres, los muy jóvenes o deportistas de alto nivel que no tienen la tradición como guía pasen por los problemas clásicos corriendo.
  • Cualquier tendencia nueva que demuestre que los deportes de montaña son deportes en los que la capacidad fisica juega el papel más importante, como en cualquier deporte.
  • Que se asciendan vías de verdadera dificultad en montañas que representan el "corazón de una nación" por parte de forasteros, como ocurrió con escaladores checos en el Naranjo de Bulnes o en Montserrat.
  • Que los deportes de montaña sean realizados a alto nivel por la plebe: sólo es respetable para ellos el modelo militar y el del estilo Marqués y Cainejo, con todas las variantes de amante-de-la-montaña y compañero fiel.
  • En general, cualquier persona que llega a las actividades de montaña nueva y sin respeto por la jeraquías y las tradiciones.
Sasha, con sus encadenamientos de vías en Dolomitas este verano, liberando a vista y en el día dificultades de hasta 8b en terreno alpino con paredes de hasta 500 metros y roca mediocre, tiene todas las papeletas para molestar a los talibán, que, sin embargo, esta vez han tenido que guardar silencio. Que además esta ascensión fuera seguida por Alex Huber y animada nada menos que por Reinhold Messner, demuele cualquier argumentación antes de producirse. Este golpe en las narices a los "montañeros de verdad" no ha logrado callarles, pero hasta ellos dudan de sus propias palabras. Seguiremos sufriendo a estos idiotas y ellos seguirán llenando de mierda mística las montañas y las piedras, pero cada vez serán menos y más apartados. Oiremos un poco menos "eso no es escalada", y que escalada es lo que hacen ellos.
  En 2013 vamos desterrando la autoridad de la tradición y de la gente que siempre la ha guardado en los deportes de montaña: la sociedad en general comenzará a salir de la crisis y la autoridad de las falacias de la clase dirigente, la iglesia y los que tienen el poder económico habrá sufrido un buen recorte; a lo mejor eso es la revolución.