jueves, 26 de febrero de 2015

El mundo del monte, el new age y la tontería insoportable/I

¿Qué es ser "del monte"?
 La gente que se autodefine como del monte tiene en común que le gustan los deportes de montaña, practicarlos o verlos en vivo. De una u otra manera, pasan al aire libre o en zonas en las que se practican estos deportes gran parte del tiempo libre del que disponen. No, la gente que trabaja en el monte, pero huye de él en cuanto puede no nos parece de este maravilloso grupo. Y sí, la gente que practica búlder en bloques o escalada en paredes cerca de planicies e incluso en la playa sí, aunque no haya ningún monte a la vista. Es difícil: la mejor definición es que deportes del monte son todos los que caben en una revista del monte, incluso la escalada en sala-
 ¿Algo más en común? Como en todos lo deportes y en todos los grupos de actividad, los practicantes de este compendio de actividades del monte pecamos de ombliguismo. Pensamos que hacemos los deportes más duros y llevamos las vidas más interesantes y sobre todo somos los más enrollados; respetamos la naturaleza, somos inmensamente solidarios, nos preocupamos por lo importante. Un escalador, alpinista o montañero es un tipo que merece la pena, así nos gusta vernos. Y esta complacencia de últimos herederos de la vieja nueva izquierda también tiene problemas y alguno muy grave. Como la importancia de las chorradas curativas "alternativas" u otras paridas y estafas que encuentran el campo abonado en un mundillo que da un valor grande a la "espiritualidad", para explicar por qué gusta lo que gusta.

Las gilipolleces y el new age: cómo vivir de la escalada

 Un día, un arquitecto aparece en el rocódromo con las orejas llenas de agujas: es para dejar de fumar. A pesar de su formación y ser un tipo generalmente sensato, ha pagado un pastón a un tipo asiático con in título de acupuntor para que le taladre todo el pabellón auditivo. No es raro: la lesión más frecuente entre escaladores, las tendinitis e inflamaciones en dedos, se "curan" desde hace tiempo con agujas. Aunque por suerte en los escaladores de competición esto va desapareciendo, al tiempo que entrenan de verdad en lugar de meditar o hacerse "guerreros de la roca".
 Chorradas completamente absurdas, como el reiki, son halal: ya se sabe que no son imperialistas ni pertenecen a la malvada medicina oficial. Es más, el pérfido establishment más bien lo persigue, y generalmente quien ataca estafas como la curación natural, el entrenamiento mental a través de
meditaciones o la homeopatía, va a ser que está pagado por las multinacionales. O tiene el cerebro comido, o es fascista de toda fachitud, más allá de cualquier redención (a lo mejor, hasta si le recuerdas lo malos que son los cultivos transgénicos, va y te pide que le expliques por qué, con lo autoevidente en sí mismo que es la absoluta maldad de algo tan poco natural). El yoga, una saludable actividad que aumenta la flexibilidad, la fuerza y el control del cuerpo, no debe sus beneficios a ésto. No: es que hace que el prana fluya.
 En el fondo se diferencian de poco a nada de los fanáticos religiosos. Son fundamentalistas de la soplagaitez, y atestan el mundo del monte.

 Dónde los idiotas del mundo de la escalada llegan a tocarme el alma

 Ahora, dirigiéndome directamente a cualquiera de estos propagandistas de la superstición:
 por mí puedes seguir hartándote a brócoli pensando que la ribosa es la proteína más cojonuda del mundo para crear masa muscular, o hincharte a limones en ayunas para no tener nunca cáncer (si aún así lo tienes, siempre puedes decir que es que eran transgénicos o de invernadero). Puedes rechazar tomar leche y hasta buscar estudios que te digan que es un veneno, hasta puedes pensar que yo me enveneno tomándola siempre que no quieras llevarme a tu terreno. Puedes incluso dejarte morir con remedios como el zumo de guayanabana, diez millones de veces más efectivo que la quimioterapia. Pero llegado el caso de que nos encontremos por el monte y sientas ganas de meterte con mi estilo de alimentación, guardátelo. Porque si te oigo decir que los alimentos naturales son mejores o que la leche, el gluten o la carne me están envenenando, puede que suponga que los protocolos seguidos en hospitales de verdad por médicos de verdad tampoco te parecen bien, o te parecen muy mal. Y eso sí que no, porque quimioterapia y medicina basada en evidencia mediante tengo familia y eso lo valoro bastante, tanto como que es una de las líneas que no discuto, ni siquiera con la imbecilidad que te posee. Por más que ambos seamos gente guay y enrollada del monte.

jueves, 2 de enero de 2014

Los talibán y la crisis, o el fin de los alpinistas barbudos y nacionalistas

Acabó el annus horribilis de 2013. Los españoles siempre lo recordaremos como una época en que la pobreza comnzó a enseñar de nuevo su cara, tras un par de décadas de no verla sin echarla de menos. La clase dirigente demostró que todo lo que sospechábamos de ellos se quedaba corto: la desvergüenza con la que delinque la gente respetable escapa a la imaginación de las conversaciones de oficina y los bares, a veces por realizar delitos por mecanismos fuera de nuestro alcance y la mayoría por delitos propios de rateros. En 2013 las mentiras se hicieron un género propio de la vida pública y, ante la falta de credibilidad se comenzó a optar por la censura y la represión. Pero aunque la realidad vaya por otro camino, quienes tienen autoridad y respetabilidad no se cortan de hacer demagogia y contarnos lo que debemos hacer y los principios irrenunciables que debemos respetar.

Un poco de revolución refrescante en 2013

Sasha di Giulian es una jovencita estadounidense, de apariencia frágil y bonita sonrisa. A principios de año
se subía al carro del 9a con "Era Vella". Por supuesto, los grandes amantes de la montaña y guardianes del espíritu de la montaña siempre pueden argumentar que eso no tiene nada que ver con el alpinismo; la escalada deportiva es una disciplina con sus reglas y prima hermana de la gimnasia deportiva.
 Dado que cada vez que un escalador joven, o no tan joven pero excepcionalmente fuerte, logra liberar alguna de esas vías míticas del alpinismo los comentarios despectivos acuden a la boca y a los dedos de estos guardianes de las esencias y monitores de federaciones, se hace necesario saber qué es lo que les molesta tanto y qué es lo que valoran:
 Valoran:

  • La bravura: la escalada es una cosa de hombres y de algunas mujeres especialmente templadas. Según ellos, un jovencito no puede ser un héroe enfrentado a las fuerzas de la naturaleza.
  • El enfrentamiento a los poderes míticos de la naturaleza, en el más puro estilo del romanticismo alemán que impregnó este páis sobre todo en, glups, la década de 1930.
  • La camaradería, al más puro estilo militar. Cuidado, hablamos de una camaradería que no es amistad simple: es algo que sólo se aprende en el militarismo.
  • La autoridad y los galones.
  • La tradición.
Les molesta:

  • Que las mujeres, los muy jóvenes o deportistas de alto nivel que no tienen la tradición como guía pasen por los problemas clásicos corriendo.
  • Cualquier tendencia nueva que demuestre que los deportes de montaña son deportes en los que la capacidad fisica juega el papel más importante, como en cualquier deporte.
  • Que se asciendan vías de verdadera dificultad en montañas que representan el "corazón de una nación" por parte de forasteros, como ocurrió con escaladores checos en el Naranjo de Bulnes o en Montserrat.
  • Que los deportes de montaña sean realizados a alto nivel por la plebe: sólo es respetable para ellos el modelo militar y el del estilo Marqués y Cainejo, con todas las variantes de amante-de-la-montaña y compañero fiel.
  • En general, cualquier persona que llega a las actividades de montaña nueva y sin respeto por la jeraquías y las tradiciones.
Sasha, con sus encadenamientos de vías en Dolomitas este verano, liberando a vista y en el día dificultades de hasta 8b en terreno alpino con paredes de hasta 500 metros y roca mediocre, tiene todas las papeletas para molestar a los talibán, que, sin embargo, esta vez han tenido que guardar silencio. Que además esta ascensión fuera seguida por Alex Huber y animada nada menos que por Reinhold Messner, demuele cualquier argumentación antes de producirse. Este golpe en las narices a los "montañeros de verdad" no ha logrado callarles, pero hasta ellos dudan de sus propias palabras. Seguiremos sufriendo a estos idiotas y ellos seguirán llenando de mierda mística las montañas y las piedras, pero cada vez serán menos y más apartados. Oiremos un poco menos "eso no es escalada", y que escalada es lo que hacen ellos.
  En 2013 vamos desterrando la autoridad de la tradición y de la gente que siempre la ha guardado en los deportes de montaña: la sociedad en general comenzará a salir de la crisis y la autoridad de las falacias de la clase dirigente, la iglesia y los que tienen el poder económico habrá sufrido un buen recorte; a lo mejor eso es la revolución.

domingo, 14 de abril de 2013

Camino a el Algarve

Portugal es un país pequeño: sus ciudades son pequeñas, sus carreteras antiguas y casi todo lo que se puede encontrar es parecido a la España de los años 70, aunque en pequeño. El Algarve es una zona muy turística, y hay que reconocer a los escritores cursis que aciertan al decir que es un puente entre la especulación urbanística y la tradición. Sus zonas de escalada son pequeñas y uno debe pensar que no hace falta más: si uno mira la extensión de el Algarve, es aproximadamente la mitad de superficie de la Comunidad de Madrid. Las distancias en esta región al sur del sur europeo son pequeñas. El país funciona de manera algo caótica y lleva en crisis desde las primeras memorias de la gente nacida en el sigloX.
Sólo se puede salir del país por mar o atravesando el país vecino: por eso las diferencias se acentúan: Portugal tiene que vivir de espaldas a España para proteger su identidad. En el Algarve se tiende a no hablar español, y los carteles en los lugares turísticos están en Inglés, Portugués, Francés y Alemán. Los amables portugueses -hablan bajo, cierran pronto los bares y hasta la luz es más tenue- intentan no hablar en español. Recuerdan a aquella sentencia del checo Milan Kundera sobre la necesidad de proteger las pequeñas culturas. En Faro uno se siente como en el paseo de Los Doradores de el Libro del Desasosiego de Pessoa, especialmente en días lluviosos. Uno podría estar viviendo en un sueño, y no despertarse y no notar la diferencia. Vivir allí es luchar contra la saudade.

 El Algarve es, claro, una provincia llena de lugares muy frecuentados donde escalar:

  • Rocha da Pena.
  • Cañón de Albufeira
  • Acantilados de Sagres
  • Zonas de búlder, en Monchique y repartidas por las playas. No hay que buscar mucho para encontrarlas.
  • Zonas de las que no tienes ni puñetera idea de cómo encontrar y no vas a encontrar porque los locales no van a soltar prenda. Siempre queda la sospecha de que son las más y en algún momento se les va a escapar algo o las vas a descubrir dando rulas en espiral a patita.
Digamos que al sur de Portugal no ha llegado aún la moda de la escalada indoor: las salas son pocas, dispersas y no muy buenas. ¿Para qué si hace buen tiempo y si no puedes escalar te esperan olas por las que surfear? Con la idea de afincarse allí por un tiempo, sin embargo es probable que sea lo primero que te interese: ¿dónde escalo? ¿dónde entreno? Porque claro está: la mayor parte del tiempo la vas a emplear en conseguir tu sustento, y los acantilados de Sagres y sus vías están a medio camino entre la aventura alpina y el desafío marítimo. Y eso para alguien de tierra adentro, acostumbrado a Madrid y a su oferta de todo tipo de zonas de bloque, urbanas, de pago, naturales, escalada y zonas alpinas es algo un poco chocante, aparatoso y para decirlo de una forma suave, aterrador. Así que encontrar una zona cerca de casa, bien equipada, en la que entrenar o en la que un portero y una colchoneta te basten para pasar un buen día se convierte en algo prioritario. Y algo hay, aunque lo mejor es comenzar a plantearse en alquilar una casa con garaje y colocar un Moon Board, una buena tabla y, si tienes sitio y dinero, un campus.

 En realidad, cuando uno se mueve para vivir en esa zona de la Península, tiene que tener buenas razones, - y el sustento asegurado, incluso crisis mediante, el sur de Portugal es mucho más pobre que cualquier zona española-. Nunca va a ser un destino para los que gustamos de los deportes de montaña. De paso, aún siendo una región tan pequeña, dependes del coche para todo. Es posible que llegues a añorar el metro madrileño, que más lento y caro cada vez, te lleva a todos los sitios de la ciudad tarde o temprano... el maldito ruido de las escuelas madrileñas, masificadas, y las palizas en rocódromos. 

Por lo demás es un buen sitio para pasar unos pocos días: los precios de los restaurantes son más altos que los españoles, pero también lo es la calidad. Las playas merecen una visita. Se puede obviar el cañón de Albufeira, pero Rocha da Pena parece un buen sitio para escalar un para de días. Sobre los acantilados... bueno, un bicho mesetario como yo aún tiene que hacerse al mar y deshacerse de prejuicios, pero es "peculiar"....